OBJETIVOS: Como ya hemos hecho constar en nuestro Proyecto Común como Observatorio Atrium Linguarum, uno de los ejes vitales de nuestras actividades, en consonancia con las líneas de desarrollo de la División de Política Lingüística del Consejo de Europa, se articula en torno a “las lenguas, su enseñanza, su aprendizaje, su evaluación, su certificación o acreditación, bajo los criterios de la dimensión europea”. Esto no se explica, ni se podría justificar, sin la apertura de líneas de investigación de I+D+I que por la vía de proyectos, programa-contrato de investigación, informes técnicos, estudios empíricos de casos, consultorías, observación al cumplimiento e incumplimiento de lo legislado y de lo recomendado en materia de educación lingüística y cultural, vinculación efectiva con las certificaciones y acreditaciones de competencias idiomáticas en los sectores productivos y en la formación ocupacional, etc. sirvan para estimular la identidad social de la ciudadanía europea bajo parámetros de respeto y atención a la construcción de una conciencia de diversidad lingüística y de vivencias interculturales plenas en nuestra creciente y compleja cultura de mestizaje: Una sociedad europea de la cultura, unida en la diversidad
AUDIENCIA: Nuestras ofertas de investigación en el escenario de I+D+I, al igual que las propias de cualquier otro colectivo de PDI universitario o las de un departamento de investigación en una determinada empresa, van dirigidas a todos los potenciales usuarios (a título individual, colectivos profesionales públicos o privados, asociaciones, instituciones locales, provinciales, autonómicas, estatales, etc. en el cada vez más amplio espacio del ámbito paneuropeo) que promuevan una declaración de interés por alguno de los variados aspectos del abanico idiomático. Al margen de nuestra propia concurrencia a las convocatorias institucionales de I+D+I, en virtud de los planes nacionales y transnacionales habituales, nuestras líneas de investigación alcanzan a contemplar la elaboración de “programas sastre” en el que una determinada audiencia pueda estar interesada en un momento dado y para un plazo a término.
DESCRIPCIÓN: En este sentido, la descripción de nuestras líneas de investigación no están cerradas a unas cuantas formas y modos de hacer en lenguas y culturas. Más bien, contemplan las sinergias que, a partir de tres grandes marcos conceptuales recientemente desarrollados, están impulsando un nuevo compromiso en la acción idiomática e intercultural con la ciudadanía europea (desde la infancia y los adolescentes, a los adultos en edad laboral y, ¿por qué no?, también encaminados hacia el estanque de las doradas aguas de su jubilación):
Las acciones directamente vinculadas con los sistemas educativos formales: A nadie extraña, a pesar de ciertos informes oficiales que “obscurecen” el valor de las interacciones orales en los resultados de sus evaluaciones de la competencia idiomática de los escolares, que un perfil lingüístico para comportarse como individuos plurales, cultos, competentes, flexibles, tolerantes… exige algo muy diferente a “saber o conocer idiomas; a estudiar bien y a fondo -deberes incluidos- Inglés, Francés, Alemán o Español como LE”. Los idiomas han fracasado en la inmensa mayoría de los sistemas escolares europeos. Lo único realista que cabe esperar de estos sistemas, con sus actuales organizaciones curriculares, los caducos escenarios de trabajo de sus aulas de idiomas, la profesionalización docente de su profesorado, los medios disponibles… es que se practique bien y mucho la comprensión oral (y, en casos, acompañada de la escrita). Pero la producción oral (producción escrita aparte) -como interacción personal con otros individuos distintos a los profesores o a los compañeros de clase o vecinos del propio barrio- no tiene cabida en el escenario convencional de nuestras aulas de idiomas, a no ser que la penetración de las TIC, sin fractura social, lo remedie para todos y entre todos.
Las acciones dependientes de sistemas no formales o totalmente informales: Tampoco cabe ninguna duda respecto al hecho de que la sociedad española (algo parecido sucede en otros socios de la UE, pero no en todos) plantea dos grandes itinerarios idiomáticos que no guardan apenas relación entre sí:
Por un lado, los sistemas formales, aquellas modalidades educativas que, en sus diferentes grados de progreso, -desde la escuela infantil hasta la universidad, incluyendo los ciclos formativos de la formación profesional y las enseñanzas de régimen especial de las EOI- contemplan los idiomas bajo un prisma de corte académico). Un prisma que, a pesar de los planes de adecuación y ajuste a las recomendaciones europeas derivadas del Marco, del PEL, o del Manual para las certificaciones idiomáticas, no contempla la pertinencia de las certificaciones académicas otorgadas con respecto a las exigencias competenciales en los escenarios de los sectores productivos del mundo de las profesiones. Planes de adecuación y ajuste que se han puesto ya en marcha en todas estas modalidades desde el propio impulso de las Administraciones educativas.
Por otro lado, en el amplio y variado contexto de los sistemas no formales, se observa la existencia de una proliferación -altamente heterogénea- de procesos de aprendizaje y acreditación de competencia idiomática que, o bien resultan excesivamente generales, o bien demasiado específicas, entendiendo por “especificidad’”un dominio técnico del idioma en cuestión, claramente vinculado a campos léxicos de especialización o a actividades comunicativas limitadas y disociadas (se puede potenciar la dimensión comunicativa en lengua escrita y no la oral o al contrario). Cabe destacar, en este segundo contexto de los sistemas no formales, el hecho del vacío que se observa en relación a un tipo de certificación oficial del dominio idiomático, que otros países de la Unión Europea (el caso de Francia con la oficialización de Le Diplôme de Compétence en Langue también han detectado y tratan de resolver. Vacío que desemboca en una ausencia de homologación y transparencia que dificulta su reconocimiento y validación en un contexto productivo cada día más plural y dinámico. Y también, lamentablemente, en un aumento de la fractura social que todos aspiramos a evitar o, al menos, reducir.
Los ámbitos conceptuales de la lingüística aplicada crítica (LAC) que, desde hace poco tiempo, iluminan las políticas del conocimiento, del lenguaje, del discurso, de la educación, de la diferencia, del poder, del género (sexo), de las actitudes de los humanos ante nuestras formas de comportamiento social. ¿Y qué es una lengua sino una forma de comportamiento social público y privado? ¿O es que una lengua distinta a la propia o propias cambia este sentido? Como una línea de investigación más que alimenta y describe las “observaciones” de nuestro Observatorio, la LAC es un punto de referencia para encontrar sentido a bastantes de los problemas no resueltos por la lingüística aplicada convencional (¡tantos años perdida en sus estériles discusiones nominalistas y alejada del mundo real de los problemas de la apropiación idiomática e intercultural sin fractura social!).¡A. Einstein confesaba a su sobrina, poco antes de fallecer, que temía que muchas de las cosas que había aprendido apenas tenían ya utilidad en el mundo actual! A modo de ejemplo descriptivo de esta línea (complejo de entender), pensemos en la pasión política que en nuestro país ha levantado últimamente el concepto de bilingüismo (Español-Inglés… se entiende): todos deberíamos ser bilingües, ser capaces de comprender y ¿hablar? en dos lenguas, además de la propia o propias. Buena intención. Pero desde una línea iluminada por los conceptos posmodernistas de la LAC, el bilingüismo real no consiste en el simple hecho de hablar dos lenguas o tres o cuatro… sino en que un individuo llegue a ser consciente de los contextos socioculturales, políticos e ideológicos en los que las lenguas (y, por tanto, sus usuarios) toman sus posiciones y viven en consecuencia, junto a la variada carga de significado que ello encierra. De ello, sin duda, sabemos mucho y bien los ciudadanos españoles que apenas comprendemos y aceptamos de buen grado la inmensa riqueza de nuestro patrimonio lingüístico-cultural que otros quisieran para sí mismos.
DECLARACIÓN DE INTENCIONES: Los sistemas educativos formales se enfrentan a uno de sus mayores retos en nuestro país: lograr convencer a la sociedad que la educación lingüística (idiomática, sobre todo) sí tiene remedio. La fractura social que permite a unos (con medios familiares y culturales mejor desarrollados) superar el fracaso de otros (que ni los tienen ni lo perciben así) no está dentro de los parámetros deseables de la justicia social y educativa. Nuestro Observatorio declara su intención firme de ayudar en esta tarea de reconciliación idiomática para una sociedad culta propia de la Europa del siglo XXI. Por otro lado, no debemos olvidar el hecho, cada vez más frecuente en la actual sociedad de la información, de la existencia de una ciudadanía que ha adquirido ya, por múltiples vías incluida la experiencia de trabajo en un país de la Unión Europea, un determinado nivel de competencia en uno o varios idiomas que resulta pertinente a los sectores productivos y precisa de un reconocimiento oficial para su acreditación. Nuestro Observatorio tiene la intención, ya materializada en propuestas hechas en su día al MEC, de colaborar en la forma de resolverlo. Hay soluciones no complejas que tan sólo dependen de una voluntad política, firme y decidida, sin tener que recurrir a un gasto social desmedido. Finalmente, entrando ya en el siglo XXI cada año un poco más, nos cuestionamos la utilidad de los conceptos que la lingüística aplicada educativa del siglo XX ha movilizado, generalmente enfatizando el ámbito idiomático como un espacio de objetos, formas, sistemas…que igual se enseñan que se evalúan… que no esconden más realidades que las disparatadas diferencias que encierra un aprobado o un ocho en un centro de Málaga de otro dado en Lugo, una nota de nivel avanzado a una niña de Lituania que una de nivel elemental a una de Finlandia… La intención de este Observatorio es promover la homologación, la transparencia, la igualdad, y, sobre todo, la transformación de un conocimiento lingüístico por un saber hacer idiomático no disciplinar ni académico sino vivo y experiencial.