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Observatorio Atrium Linguarum

Enseñanza, aprendizaje y evaluación de lenguas

Proyecto común
Sello europeo 2006
Cajón de sastree-PIPunto de ObservaciónPunto de divulgación

El hilo conductor del Observatorio Atrium Linguarum, en consonancia con las líneas de desarrollo de la División de Política Lingüística del Consejo de Europa, “es las lenguas, su enseñanza, su aprendizaje, su evaluación, su certificación o acreditación, bajo los criterios de la dimensión europea”. Nuestros proyectos y contratos de investigación, nuestras publicaciones, nuestros planes de formación, nuestras tutorías de apoyo, nuestros foros y encuentros, nuestra consultoría, nuestra atención al cumplimiento e incumplimiento de lo legislado y de lo recomendado en materia de educación lingüística y cultural, nuestra vinculación con las competencias idiomáticas en los sectores productivos y en la formación ocupacional, y otros centros de atención que están en vías de concretarse. configuran un proyecto común a favor de la identidad social de la ciudadanía europea bajo parámetros de respeto y atención a la construcción de una conciencia de diversidad lingüística y de vivencias interculturales.

Nuestro proyecto común no entiende de escalafones o jerarquías entre las lenguas. Menos aún entre las culturas a las que vehiculan. Más bien se inscribe en el sentir, en el pensar y en el hacer que emana del documento oficial La Educación en un Mundo Intercultural que advierte sobre nuestros derechos lingüísticos e insiste en que las lenguas, como las TIC, no pueden llegar jamás a convertirse en un factor de exclusión: “La lengua no es solamente una herramienta para la comunicación y el conocimiento sino también una cualidad fundamental de la identidad y riqueza cultural, tanto a nivel individual cuanto grupal. El respeto por los idiomas de las personas que pertenecen a otras comunidades lingüísticas es, por lo tanto, esencial para la convivencia en la paz. Esto resulta de aplicación tanto a los grupos de mayorías, como a los que representan minorías (al margen de si son residentes estables en un país o recién inmigrantes) y a los pueblos indígenas” (UNESCO, Marzo 2003: 16). De ahí el valor de consideración inclusiva que, para el territorio de la educación y del mundo laboral, poseen las lenguas en nuestro Observatorio.

Nuestro proyecto común, como actividad propia de un observatorio, es un compromiso con la atención permanente a todo lo que se mueve en el espacio y el tiempo en relación a las lenguas y sus culturas en la dimensión europea. Un compromiso que si bien es de hoy para mañana, ha sido construido -por cada uno de nosotros y entre nosotros- en el transcurso del tiempo que va de ayer a hoy. Como gustaba decir Hannah Arendt “el pasado no lleva hacia atrás sino que impulsa hacia delante y, en contra de lo que se podía esperar, es el futuro el que nos lleva hacia el pasado”. Desde una concepción de profesionales de las lenguas y sus culturas que comprendemos, investigamos y tomamos decisiones sobre los complejos escenarios de la pluralidad lingüística y la acción intercultural, las iniciativas que ponemos en marcha forman parte de un proyecto común donde los demás, quienes no son miembros del Observatorio, también tienen su “opción de proyecto” a través de su colaboración participativa, bien pertenezcan a escenarios de la educación o bien formen parte del mundo de las profesiones. Un mundo, el laboral, donde el interés por la cultura idiomática cobra cada día mayor peso y atención específica dentro de las crecientes demandas de calidad y competitividad.

Nuestro proyecto común está en la ilusión de que cada miembro del grupo espere algo de las sinergias del Observatorio y, al tiempo, alguien espere algo de nosotros como grupo. Parafraseando a Manolo Rivas, nos anima la idea que se espere demasiado de nosotros, como de aquel ingenioso Jacob que transformaba los gramos de noticias en toneladas de esperanza. En realidad, sea mucho, poco o nada lo que este Observatorio y su proyecto común logren transformar en el mundo de las lenguas, ¡qué suerte que esperen de uno algo! Y la suerte que tenemos, y ofrecemos a los demás, es que -al menos nosotros- vivimos profesionalmente en esa esperanza.